1. ¿Para qué es?
Un titular, un párrafo largo, una firma o un tatuaje necesitan letras distintas. Decide primero si el texto se va a leer o se va a ver.
2. ¿Se lee bien?
Prueba la letra con palabras reales, no solo con «Aa». Comprueba letras que se confunden (I, l, 1; O, 0) y míralo a tamaño pequeño.
3. ¿Qué tono transmite?
Una caligráfica habla de elegancia; una gótica, de tradición o de fuerza; una monoespaciada, de técnica o de nostalgia. El tono debe coincidir con el mensaje.
4. ¿Dónde se verá?
En pantalla, las letras con altura x generosa y poco contraste funcionan mejor. En papel hay más libertad. En la piel, como vimos en letras para tatuajes, los detalles finos se difuminan con el tiempo.
5. ¿Tiene familia completa?
Para un proyecto serio necesitas varios pesos (normal, negrita) y cursiva. Los alfabetos Unicode tienen variantes limitadas; una fuente profesional, muchas más.
6. ¿Combina con otra?
La receta clásica: una letra con personalidad para títulos y otra neutra para el texto. Evita juntar dos tipos muy parecidos, porque parecerá un error.
7. ¿Puedo usarla?
Las fuentes tipográficas tienen licencia. Muchas son libres, como las de Google Fonts, pero otras requieren pago para uso comercial. Los caracteres Unicode, en cambio, son un estándar abierto.